El coleccionismo de élite suele rendir culto a líneas estilizadas y victorias legendarias en pistas de carreras, pero en ocasiones el martillo de subastas cae sobre piezas tan desconcertantes que desafían cualquier lógica estética. Los multimillonarios más audaces del mundo han llegado a desembolsar sumas descomunales por vehículos cuya apariencia roza la ciencia ficción o el delirio arquitectónico.
Detrás de cada una de estas rarezas se esconden caprichos de magnates, prototipos de aerodinámica extrema o apuestas futuristas que jamás llegaron a las calles en producción regular. Estos son los cinco automóviles más extravagantes e inusuales por los que se han pagado auténticas fortunas en subastas internacionales.
1. Alfa Romeo B.A.T. 7 del 1954
Nacido de la colaboración entre la firma milanesa y el carrocero Bertone, este modelo representó el experimento aerodinámico más radical de su época gracias a sus desmesuradas aletas curvas traseras inspiradas en alas de murciélago. Su cabina diminuta con cúpula acristalada colocaba a los ocupantes en una atmósfera aeronáutica, exhibiendo un coeficiente de fricción asombroso de apenas 0.19 que dejaba perpleja a toda la industria de posguerra.
Bajo sus paneles artesanales de aluminio montaba un austero propulsor de cuatro cilindros en línea de 1.9 litros capaz de generar 115 caballos de fuerza, asociado a una transmisión manual de cinco relaciones. Este ejemplar único formó parte del célebre trío Berlina Aerodinamica Tecnica rematado por la casa RM Sotheby’s en Nueva York por la estratosférica cifra conjunta de 14.84 millones de dólares.
2. Dymaxion Car del 1933
Ideado por el visionario inventor Buckminster Fuller, este coloso de aspecto ovoide pretendía ser una máquina terrestre con capacidad para volar si la tecnología lo permitía en el futuro. Su carrocería de lámina en forma de lágrima prescindía de esquinas convencionales, albergando en su habitáculo espacio para once ocupantes protegidos por un sistema de ventilación perimetral sumamente avanzado.
En el apartado mecánico rompía cualquier molde al ubicar un motor V8 montado en la parte posterior que transmitía la fuerza al eje delantero, mientras que la dirección se controlaba únicamente mediante una sola rueda trasera articulada. Un ejemplar restaurado de esta singular escultura rodante alcanzó ofertas privadas y pujas internacionales que superaron ampliamente los 3 millones de dólares entre coleccionistas de vanguardia técnica.
3. Ghia Gilda Streamline X del 1955
Encargado por ejecutivos corporativos para explorar las altas velocidades, este prototipo italiano parecía un proyectil de combate gracias a su morro puntiagudo, suelo plano y dos colosales aletas posteriores diseñadas en túnel de viento. La cabina biplaza ofrecía instrumentación militar con relojes redondos y asientos de competición fijados al piso metálico.
Originalmente proyectado para albergar una turbina de avión, el automóvil fue adaptado años después con una mecánica convencional de cuatro cilindros de 1.5 litros y 70 caballos de fuerza para permitir su rodaje en eventos históricos. Su silueta irrepetible fue adjudicada en una prestigiosa subasta de Scottsdale por 1.25 millones de dólares como testimonio supremo de la era del diseño aeroespacial.
4. Leyat Hélica del 1921
Conocido popularmente como «el avión sin alas», este artefacto francés inventado por Marcel Leyat apostaba por un fuselaje de madera contrachapada similar al de los biplanos de la Primera Guerra Mundial. Los pasajeros se sentaban en tándem, uno detrás de otro, dentro de una estrecha cabina sin comodidades modernas ni ventanillas laterales herméticas.
Lo verdaderamente insólito era su método de propulsión: prescindía de transmisión a las ruedas y avanzaba empujado por una gigantesca hélice frontal de madera de dos palas conectada a un motor bicilíndrico de 8 caballos de fuerza. Esta joya de museo, de la que apenas sobreviven contadas unidades funcionales, ha rozado valoraciones millonarias en subastas de antigüedades mecánicas en Europa.
5. Mohs Ostentatienne Opera Sedan del 1967
Diseñado por Bruce Mohs para millonarios excéntricos, este mastodonte carecía intencionalmente de puertas laterales para aumentar la rigidez estructural, obligando a los pasajeros a entrar caminando erguidos por un único portalón posterior con alfombras rojas. Su interior incluía terminaciones de terciopelo, refrigerador integrado y maderas exóticas, creando una atmósfera más cercana a una suite victoriana que a un automóvil.
Su plataforma de camión pesado albergaba un motor V8 de uso industrial con más de 250 caballos de fuerza, acoplado a enormes neumáticos todoterreno rellenos de nitrógeno diseñados para evitar ponchaduras. Subastado por coleccionistas de rarezas americanas, este extravagante vehículo alcanzó notoriedad mundial y cotizaciones de cientos de miles de dólares por su condición de limusina indestructible.
Yuniet Blanco Salas